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Publirreportaje sectario

Publirreportaje sectario


El pasado 15 de julio de 2011 por la noche, emitieron en TVE 2 un documental sobre el tortuoso traslado de los cuadros del Museo del Prado a Ginebra durante la guerra civil. Me sublevó porque es un ejemplo del bochornoso modelo de manipulación informativa típica de un país socialista y quiero hacer constar mi más enérgica protesta contra esa patraña con la simple intención de dejar constancia de que no estoy drogado como parecerían suponer a los destinatarios del publirreportaje sus autores.

El publirreportaje estaba muy bien documentado y elaborado ¿Cuánto habrá costado? Con imágenes que, si no lo eran, parecían auténticas y originales se mostraba, paso a paso, el proceso de traslado y los peligros que durante él corrieron los cuadros. Entonces ¿Cómo es posible que algo tan bien documentado sea una colosal mentira? ¿Se puede engañar tanto con unas imágenes verídicas y con una descripción de los hechos tan precisa? Es obvio que sí y voy a explicar brevemente por qué.

Es mentira, de entrada, porque las obras de arte que se sacaron de la pinacoteca no corrían tanto peligro como para no haberse podido almacenar en los propios sótanos del Museo del Prado o en un bunker, como el que hicieron en Valencia, construido en cualquier sitio de Madrid o alrededores.

Es mentira porque las obras que se sacaron de su sitio eran obras religiosas, nobiliarias, tradicionales; habían sido encargadas, protegidas, acumuladas y cuidadas por la monarquía y la Iglesia: Los nacionales no podían tener ningún interés en destruirlas. Eran y son la principal seña de identidad de la multisecular cultura tradicional española que ellos buscaban mantener y preservar. Para ellos no tenían sólo un valor económico sino que eran la plasmación de la civilización por la que luchaban, por la que tenía sentido vivir y que sentían amenazada por la barbarie marxista tanto como sus propias vidas ante el terrorismo de la república, terrorismo que no era sólo vital sino, ante todo, cultural, como en el socialismo actual y de siempre.

Es mentira porque, por el contrario, para el gobierno de la república comunista esas obras religiosas y nobiliarias no podían tener más que un valor económico. Unos forajidos ateos no podrían apreciar el valor artístico e histórico que tenían, no sólo cuando se pintaron o se trasladaron, sino hoy y siempre obras de carácter religioso como el Cristo de Velázquez, el Entierro del Conde Orgaz del Greco, o los miles de objetos litúrgicos que estaban preparados para ser enviados tras los cuadros. ¿Qué podía significar todo eso para unos energúmenos que rabiosamente habían quemado iglesias, destruido obras de arte, incendiado bibliotecas y matado a sus conservadores dentro de la “legalidad” republicana? No podían, ni pueden, comprender ni respetar una obra religiosa o artística que consolide una tradición que pretendían erradicar violentamente.

Es mentira porque se oculta una evidente intención del gobierno de la república de llevarse el patrimonio pictórico tras de sí como simple botín ¿Cuántos gerifaltes republicanos y sus sicarios no podrían vivir de por vida con el precio cada uno de los cuadros? o bien para pagar a Stalin, él único respaldo de la república, la ayuda militar una vez agotado el oro del Banco de España que entonces, y hasta mucho después, negaban haber sacado del país. Esta posible interpretación, que es igualmente coherente con los mismos hechos, ni siquiera se menciona en el publirreportaje republicano socialista que posiblemente sólo busque mantener la tensión política como la que desencadenó la guerra.

Se miente para fabricar la presuposición de que el gobierno de la república comunista quería salvar al arte de la guerra, del enemigo, del insurrecto, que aparece como el monstruo que sólo busca la barbarie y la destrucción. Se le llama fascista continuamente, se representa como una amenaza para el arte a la par que, los que desplazaron los cuadros, aparecen como héroes de la civilización que salvaron el tesoro artístico español; pero no se mencionan algunos de los beneficios privados que sacaron de ese “esfuerzo”.

Se hace patente que la documentación cinematográfica que los forajidos de la república se encargaron de realizar con tanto detalle no tenía más que una función propagandística; el que ahora lo utilicen los socialistas muestra que son los mismos perros con distintos collares que los estalinistas de la república y que tienen los mismos propósitos.

Es finalmente mentira porque el publirreportaje, elaborado por el gobierno de facto de un país socialista igualitario, gaycrático, proterrorista y narcotizante, está dirigido a un espectador que suele ser extremadamente crítico pero no tiene ninguna capacidad discernimiento, que es capaz de indignarse y ladrar con tal de no tener que pensar y trabajar. Es lamentable que nos obliguen a pagar con nuestros impuestos, a la fuerza, esta bazofia sectaria. Es mayormente lamentable que todo el sistema educativo de este país socialista esté impregnado de la misma zafiedad que el guirigay televisivo y que sólo se mantengan ambos por ser el resultado final de un proceso de degradación orgánica que los saca a flote.

Sería exigible el respeto a la verdad, pero ¿Qué puede importar la verdad a unos sicarios de la logia? Seguramente lo mismo que el arte y la religión.

Juan Antonio Martínez

* Este diario no asume como propias las opiniones de sus colaboradores

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