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La huelga de los sindicatos caducos

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Olivo Cortés   
Miércoles, 21 de marzo de 2012 01:00

OlivoLa reforma laboral que ha hecho el Gobierno de España es tan profunda y tan revisionista de los viejos conceptos que existían en el mercado laboral español que es imposible que todo el mundo esté de acuerdo. Y, menos, desde el ámbito sindical, ya que, por un lado, ha puesto patas arriba la estructura obsoleta de ese mercado laboral y, por otro, ha removido los cimientos del sindicalismo español, heredero directo del sindicalismo tardofranquista, acostumbrado a vivir de subvenciones y prebendas y a hacer ostentación de un poder que no tiene en la realidad. Y eso es muy duro.

Y es que los grandes sindicatos españoles viven en el siglo pasado. Defienden el puesto de trabajo en lugar de defender la creación de empleo. Y esa forma de pensar está anclada en lo más profundo del siglo XX. De ahí toda esa retahíla de frases hechas y tópicos que les hemos oído decir en las últimas semanas.
No entienden que el Gobierno estaba obligado a hacer algo para parar la sangría que supone la pérdida constante de puestos de trabajo. Y si no se conseguía reducir con medidas cataplasma como hacían los socialistas, había que usar la cirugía. Por eso, todo lo que sean medidas que ayuden a fomentar el empleo y a crear puestos de trabajo, tienen que ser bienvenidas, aunque al principio sean dolorosas.

Se entiende, entonces, que los sindicatos estén molestos porque han perdido poder. Esta reforma elimina buena parte del control que ejercían, junto con la patronal, sobre la negociación colectiva y los presupuestos de la formación profesional y abre el camino que les llevará a perder las generosas subvenciones que recibían. Pero deberían ser menos demagogos. Y convocar una huelga general en este momento es pura demagogia. Entre otras cosas, porque no está España para huelgas generales y porque, además, la tienen perdida. Sólo tienen alguna posibilidad en Madrid.
Saben que si paran Madrid habrán triunfado pero que si no lo consiguen su fracaso será total. Hasta ese punto de debilidad están las huelgas generales en el Siglo XXI. Y, especialmente, en España.

Estos sindicatos caducos solo tienen una opción para triunfar: no dejar salir el transporte público de sus hangares. Que no haya metro ni autobuses municipales. Que nadie pueda ir a trabajar aunque quiera. Porque ya ni siquiera la televisión les sirve. Aunque consiguieran parar TVE y Telemadrid (que lo harán) apenas les servirá de nada. Ya no estamos en tiempos de aquella huelga que triunfó cuando llevaron a negro a TVE, a las doce de la noche, porque era la única televisión que había en España. Ahora ya no pueden hacerlo porque, además, TVE está desprestigiada. Sólo les vale parar los transportes públicos y, únicamente, en Madrid.

Por eso están ya amenazando con sus piquetes violentos. Los llaman informativos pero, en realidad, son coercitivos. Informativos eran en la primera mitad del Siglo XX, cuando la comunicación no se había desarrollado y había que informar a los trabajadores de lo que pasaba. Hoy, son represivos porque ya no hace falta informar al trabajador. Todo el mundo está ya informado. Ahora lo que ejercen es coacción cuando no violencia sobre los trabajadores que quieren trabajar.
No sé si el sindicalismo español será capaz de parar Madrid el día 29. No lo creo. Pero aunque lo consiguiesen y se apuntasen un gran éxito, será una victoria pírrica. No habrá servido de nada. Se habrán mirado al ombligo pero no habrán movido un ápice una reforma porque es, absolutamente, necesaria llevarla hasta sus últimas consecuencias. Aunque a ellos les quite su poder omnímodo y de otro tiempo y lugar.

 

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Olivo Cortés

*Este diario no se hace responsable de las opiniones de sus colaboradores de las cartas al director.

Última actualización el Lunes, 26 de marzo de 2012 00:50
 

No es lo mismo

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Colaboraciones de Opinión   
Sábado, 18 de febrero de 2012 01:00

Juanjosemunoz

Sobre el matrimonio homosexual

En estos días vuelve a debatirse en diversos foros la ley del llamado matrimonio homosexual. Este fin de semana el Congreso Nacional del Partido Popular debatirá en Sevilla una ponencia sobre el tema.

El Tribunal Constitucional tiene que pronunciarse sobre un texto jurídico que en 2005 aprobó el gobierno socialista, y que legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo. El Partido Popular presentó entonces un recurso de inconstitucionalidad contra esa norma por vulnerar siete artículos de la Carta Magna. El partido actualmente en el gobierno plantea que para regular las uniones entre homosexuales se busque una fórmula deunión civil alternativa al matrimonio, a la manera de países de nuestro entorno como Alemania, Francia o Reino Unido.

Los defensores de la ideología de género (que consideran el sexo una construcción sociocultural) estiman que la exclusión de los homosexuales del matrimonio constituye una discriminación insufrible. Sin embargo, la doctrina del Tribunal Constitucional sobre el principio de igualdad jurídica concluye que "no toda desigualdad de trato cabe entenderse constitucionalmente inadmisible, ni cabe reputarse discriminatoria". Una tesis que no priva a los homosexuales del respeto y afecto que merece toda persona humana. Por otra parte, muchos gais y lesbianas no se ven reflejados en esa ley ni en otras manifestaciones hechas por los partidarios de la ideología de género, como se desprende de las estadísticas de bodas homosexuales (sólo representan un 2% del total anual de uniones heterosexuales desde el año en que se aprobó la ley).

¿Debe el Estado ser neutral?

Los partidarios de aplicar el término matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo sostienen que el Estado no puede privilegiar una u otra manera de entender la familia, sino que debe ser neutral y reconocer a todos los ciudadanos como iguales ante la ley. Sin embargo, da la impresión de que tal argumentación no es más que una cortina de humo, que el debate está viciado y no se está apuntando a lo esencial, pues esgrimir la libertad de elección y la no discriminación como justificación para obtener el derecho a casarse con alguien del mismo sexo no parece un motivo suficiente. Pues como señala Michael Sandel, "si el Estado fuese neutral de verdad en lo que se refiere al valor moral de toda relación íntima voluntaria, no habría razón alguna para que limitase el matrimonio a dos personas; las uniones polígamas con libre consentimiento de los contrayentes valdrían también. Más aún, si el Estado de verdad quisiera ser neutral y respetar cualquier elección que los individuos hiciesen, tendría que dejar de conferir reconocimiento a los matrimonios, sean como sean".

Este debate, más bien deja entrever lo que exponía el viejo Aristóteles: que las discusiones sobre la justicia y los derechos son, frecuentemente, controversias sobre la naturaleza de alguna institución social, los bienes que protege y las virtudes que defiende. Por tanto, para centrar el debate sobre los argumentos a favor o en contra del matrimonio homosexual hemos de pensar en la finalidad del mismo y en sus cualidades esenciales. Y esto nos aboca al terreno antropológico, donde no se puede permanecer neutral ante planteamientos antagónicos sobre la naturaleza humana.

¿Qué es un matrimonio?

Aunque el actual diccionario de la Real Academia Española define matrimonio como la "unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales", los seguidores de la ideología de género proclaman que no hay diferencia alguna entre el matrimonio heterosexual y las uniones homosexuales, pues en ambos hay amor, sexo e hijos. Una afirmación supuestamente lógica y sensata, sobre todo para los que somos herederos de los avatares de mayo del 68 y la revolución sexual posterior. A partir de entonces, vivimos inmersos en los cambios provocados por la introducción de la técnica en la vida íntima de las personas. Los métodos anticonceptivos y las tecnologías de inseminación artificial y fecundación in vitro han deconstruido y desarticulado la conexión originaria entre acto sexual y procreación. De tal modo que se ha desdibujado la esencia del matrimonio; sin esta labor de demolición serían impensables las proclamas a favor de un matrimonio homosexual.

Sin embargo, toda esta problemática representa tan solo la punta del iceberg, la cara visible de un proceso global al que el sociólogo francés Lipovetsky no vacila en denominar era de la Gran Desorientación. Algo que no deja de resultar llamativo, porque pocas veces en la historia de la humani­dad hemos gozado de tanta información y de fácil acceso a ella; educación para todos, calidad de vida proporcionada por los adelantos científicos y tecnológicos. Y sin embargo, nuestro mundo genera una intensa ansiedad, y una enorme confusión individual y colectiva. Que, además, arroja como resultado una civilización hiperindividualista, narcisista, cada vez más centrada en el hedonismo, el psicologismo y el culto al cuerpo (pero que, paradójicamente, cada vez desconfía más de él y debe recurrir constantemente a lo artificial para mejorarlo).

¿Un mundo feliz?

Y es en esta actitud donde se puede apreciar que la unión homosexual difiere de manera notable de la heterosexual. Todas las parejas homosexuales deben recurrir a un tercero y al imperio tecnológico –y económico– para tener descendencia (no hace falta entrar aquí en el polémico tema del mercado de embriones sobrantes de la fecundación in vitro), cosa que también hacen algunas parejas heterosexuales. Sobre este particular puede resultar ilustrativo recordar lo que nos advierten algunas películas y novelas de ciencia ficción. Nos sitúan en un futuro más o menos cercano en el que el abuso de la ciencia acaba desvirtuando las relaciones humanas fundamentales.

Un ejemplo de ello es la sociedad creada a base de poder biotecnológico que nos presenta Un mundo feliz, de Huxley. En ese idílico futuro, donde está prohibida toda reproducción que no sea artificial, palabras relacionales como familia, padre y madre se consideran obscenas, pues en el universo descrito por esta novela el origen de la persona ya no hace referencia al amor sexuado, sino a la industria biológica. Y como resulta inconveniente que la técnica tenga la última palabra sobre el origen de alguien, se intenta disimular tal injusticia mediante la negación de las palabras relacionales, aquellas que nos definen personalmente y hacen referencia a nuestro origen. Si se destierran los vocablos padre, madre o familia, con el tiempo, nadie los echará de menos.

Ecología sexual

Pero no hace falta trasladarse a un futuro más o menos hipotético, pues en la cuestión que nos ocupa, España se convirtió en uno de los pocos países que modificó radicalmente el Código Civil eliminando el concepto de 'hombre' y 'mujer', sustituyéndolos por el de 'cónyuges', y el de 'padre' y 'madre', por el de 'progenitores'. De esta manera, el varón y la mujer dejaban de ser los elementos constitutivos y distintivos del único ámbito en el que el origen de una persona es consecuencia natural del amor sexuado, sin intromisión de terceros.

La propuesta del Partido Popular debería ser la de transformar la actual ley del matrimonio homosexual en otra que permita a las personas del mismo sexo que quieran vivir juntas optar por una unión civil, sin equipararla al matrimonio. Reservar el nombre de matrimonio para las uniones heterosexuales sería, simple y llanamente, una especie de defensa ecológica del único encuentro personal que previsiblemente puede ser fecundo por sí mismo.



Juan José Muñoz

Profesor universitario de Antropología y Crítica de cine

* Este diario no asume como propias las opiniones de sus colaboradores ni de las cartas al director

 

Navidad

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Viernes, 23 de diciembre de 2011 01:00

Jesus HiguerasComo cada año, nos visitan las fiestas de Navidad, fiestas entrañables, en la que la ternura de Dios hecho niño pequeño, se mezcla con ese conjunto de sentimientos confusos, algunas veces de alegría y otras veces de pena, que los hombres experimentamos en nuestro corazón en estos días. Son fiestas en las que las palabras paz y reconciliación suenan de un modo especial en nuestros corazones y precisamente la ausencia de la paz o de la reconciliación, golpea las conciencias y en muchas personas provoca sentimientos encontrados de gozo y a la vez de dolor.

No podemos hacer que las fiestas de Navidad dependan de los estados emocionales en que nos encontremos, pues sobre todo y ante todo, lo que celebramos es que viene a la tierra Dios, que visita a su pueblo y no es una visita de cortesía para preguntar que tal estáis y darnos saludos cariñosos, sino que Él nos visita para redimirnos, para suscitar dentro de nosotros una fuerza diferente a la que teníamos hasta ahora, una fuerza de salvación que nos libra de las tinieblas y de las sombras de muerte que nos amenazan, dándonos una nueva perspectiva de las cosas, de tal modo que esa presencia de Dios se convierte en el origen y la causa de todo nuestro amor y toda nuestra esperanza, como norte y guía invisible pero seguro, que nos acompaña en cada momento.

Celebrar la Navidad es llenarse el corazón de gratitud y decirle: "Señor, qué bueno y qué misericordioso eres, qué grande y qué fiel", porque el Señor siempre cumple sus promesas. Él nos prometió que vendría y nunca deja de cumplir sus palabras y el Señor también a ti te hizo la promesa, contigo hizo alianza, tú también puedes alegrarte como se alegró María con el anuncio del ángel, porque el Señor está en medio de nosotros, en medio de la historia de los hombres y en medio de tu propia historia. El nacimiento de Jesús sucedió en la historia, pero sucede también en tu historia propia. Tú tienes que ser cuna, tienes que ser pesebre y tienes que ser portal de Belén, para que en tu pobreza Jesús nazca y tú lo arropes con tu cariño. Son días de ser muy cariñosos con los demás, pero también son días de estar especialmente cariñosos con un Dios que se ha hecho niño, que quiere ser contemplado en su indefensión, que llora, que busca el pecho de una mujer para alimentarse y en definitiva, un Dios que se humilla y te dice "te necesito. Te necesito verdaderamente. Cuento contigo para hacer la salvación de los hombres".

Cuantos sentimientos de belleza suscita la Navidad en nuestros corazones. Pidámosle al niño Dios, que como cada año venga a nosotros, venga a nuestras familias, venga a nuestras intenciones, que nos visite con su paz y se cumplan en nosotros todas las promesas que Dios hizo a su pueblo.

 

Jesús Higueras Esteban es el Párroco de Santa María de Caná (Pozuelo de Alarcón)


* Este diario no asume como propias las opiniones de sus colaboradores
ni de las cartas al director

 

Y en diciembre balance y previsión

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Colaboradores
Colaboraciones   
Miércoles, 21 de diciembre de 2011 01:00

Cartaaldirector

Se acerca el final de año y es época de hacer balance, también en el plano económico y financiero. Para algunos, es hora de pensar en el futuro, de planificar la jubilación, teniendo en cuenta el actual contexto económico y las reformas que se están llevando a cabo en el ámbito laboral. Para otros, los que desean desgravarse lo máximo posible en la próxima declaración de la renta, se acaba el plazo para suscribir algún producto financiero que goce de ventajas fiscales. Por ello, me gustaría compartir algunas reflexiones y aspectos a tener en cuenta por si les pueden ser de ayuda a los que aprovechen diciembre para proyectar sus finanzas.

La primera y más clara reflexión es que en el futuro las pensiones de la Seguridad Social tenderán a ser comparativamente menores que las actuales. Por dos razones principales. En primer lugar, porque sigue aumentando la esperanza de vida de los españoles y descendiendo la tasa de natalidad. Habrá cada vez más pensionistas y cada vez menos contribuyentes, por lo que irremediablemente el reparto individual será menor.

 Y en segundo lugar, por la reforma del sistema de Seguridad Social aprobada este año en el Congreso de los Diputados y que entrará en vigor en 2013. Al aumentar la edad de jubilación, los años de cotización y el periodo de cómputo para obtener el 100%, habrá menos personas que lo alcancen, con lo que se incrementará más la diferencia entre lo que se percibe en el salario y lo que se recibirá en la pensión.

 Parece claro que si disminuyen las pensiones públicas, éstas se deberán complementar con el ahorro individual para poder mantener los ingresos y el mismo nivel de vida al llegar a pensionistas.

 Como cada caso es diferente, la planificación y los instrumentos más adecuados son muy distintos en función de la edad, capacidad anual de ahorro, necesidades de liquidez, etc. Lo más recomendable es disponer de asesoramiento profesional de forma individual, pero apuntaré una serie de recomendaciones generales.

 Lo más eficaz es comenzar a ahorrar lo antes posible. En España, con carácter general, el ahorro-previsión individual ha permanecido siempre en un segundo plano. De hecho, en otros países es muy habitual comenzar con el ahorro para la jubilación en el mismo momento de integrarse en la vida laboral. Añadiré un dato clarificador: para que podamos mantener nuestro nivel de vida en el momento de la jubilación, podríamos hablar de que, dependiendo de cada caso, necesitaríamos entre un 70% y un 90% de nuestros ingresos previos. Si comenzamos a preparar la jubilación antes podremos beneficiarnos de dos importantes factores. Uno de ellos es el factor tiempo, que nos permite alcanzar el mismo resultado final con un esfuerzo mucho menor. Y el segundo es el factor capitalización. La capitalización de rendimientos anuales nos permitirá en gran medida reducir el esfuerzo necesario para alcanzar la meta de ahorros para cuando dejemos de trabajar.

 Otra regla básica es optar por diversificar para tratar de disminuir el riesgo que se asume. Combinar distintos productos suele tener buenos resultados. En este sentido se puede diseñar una estrategia en la que se combinen productos específicos para este fin, como planes de pensiones, seguros de ahorro-inversión o unit -linked o los planes individuales de ahorro sistemático (PIAS), con otras alternativas de ahorro-inversión a largo plazo, como pueden ser cuentas de ahorro, fondos de inversión, bonos o una cartera de acciones.

También, si tenemos un plazo mayor puede que lo más recomendable sea realizar inversiones asumiendo un mayor nivel de riesgo, a cambio de intentar obtener una mayor rentabilidad. A medida que nos acercamos a la edad de jubilación, lo más razonable puede ser tratar de consolidar nuestros ahorros y reasignar las inversiones siguiendo parámetros de menor riesgo.

Otro de los factores importantes a tener en cuenta son las ventajas fiscales que presentan cada uno de los productos específicos para completar la pensión de la Seguridad Social. En el caso de los planes de pensiones, su principal ventaja reside en que las aportaciones están sujetas a desgravaciones. Es decir, es posible deducir las aportaciones de la base imponible de la declaración de la renta. En cuanto a los seguros unit linked tienen como ventaja que sólo se tributará por ellos en el IRPF cuando se efectúe algún rescate. Lo mismo ocurre con los PIAS, los planes individuales de ahorro sistemático.

 En definitiva, y en el actual contexto económico y social, es necesario un cambio de mentalidad en lo que se refiere al ahorro y la previsión de nuestro futuro. Es cada vez más patente que el ahorro privado es indispensable si queremos mantener nuestro nivel de vida en el momento de la jubilación, y que si se comienza a edades más tempranas, el esfuerzo será menor y las probabilidades de conseguir nuestros objetivos serán mayores. No esperemos a última hora

José Carlos Ariza Garrote, Director Territorial Centro 1 de Barclays

* Este diario no asume como propias las opiniones de sus colaboradores ni de las cartas al director


 

Eurobonos Totum revolutum

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Colaboradores
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Martes, 29 de noviembre de 2011 01:00

CartaaldirectorHemos asistido a las enésimas declaraciones contradictorias por parte de diferentes líderes europeos. Por una parte desde la Comisión Europea se puso en la palestra la posibilidad de crear unos eurobonos para emitir así deuda europea, que unifique las emisiones de deuda de todos los paises miembros. De esta forma se busca paliar el alto coste que tiene para paises como España, Italia o Portugal acudir a los mercados en busca de financiación para su deuda.

Por otra parte Angela Merkel ha manifestado un enérgico rechazo a esta medida que haría que Alemania se viese directamente perjudicada al no poder emitir deuda propia, con un coste muy inferior a la media del resto de paises de la Unión Europea.
Más allá del mensaje que con este tipo de discusiones lanzamos a los mercados, que nos miran ya con recelo y que ven confirmadas las sospechas de la difucultad de algunos paises en hacer frente a sus compromisos, esto parece un intento de hacer un "totum revolutum" con el que los mejores pagarán los platos rotos de aquellos que no han aplicado las medidas correctoras a tiempo.

No es de extrañar pues, que paises como Alemania y Francia se nieguen en rotundo a esta emisión de eurobonos, mas si cabe cuando se ha dotado un amplio fondo de rescate para aquellos paises que lo han necesitado.

Merkel y Sarkozy y con ellos los ciudadanos alemanes y franceses deben estar pensando que mucha cara dura hay que tener para no aplicar medidas de reducción de gastos y busqueda de ingresos para el estado, y mirar después a Europa para que le solucione los problemas: "La respuesta está en Europa", declaró el Presidente del Gobierno de España ya en funciones. Lo que se le olvidó puntualizar es que la respuesta está en aplicar modelos de reducción de gasto y facilitar la creación de empleo como hacen Alemania o Francia, no en pedir ayuda a la desesperada, no en igualar por abajo a todos para que nadie destaque sobre otro.

Alguien debería recordar a todos aquellos que quieren mezclar la deuda de todos los paises que lo que hay que hacer es eliminar manzanas podridas, no mezclarlas en el mismo cesto.

Miguel Ángel Atienza


* Este diario no asume como propias las opiniones de sus colaboradores
ni de las cartas al director

 

 
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